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Los ejércitos enfrentados durante la guerra

La importancia de la guerra de guerrillas, durante la Guerra de Independencia Española que tuvo lugar entre el 2 de mayo de 1808 y el 17 de abril de 1814

Los ejércitos enfrentados durante la guerra

LOS EJÉRCITOS ENFRENTADOS DURANTE LA GUERRA

EL EJÉRCITO ESPAÑOL

Cuando estalló la Guerra de la Independencia habían dos ejércitos en España, el que existía al comenzar la guerra, el Real Ejército heredado de la Ilustración con unos efectivos de 130.000 soldados y el que se formó durante la misma, integrado por miles de campesinos, con sus virtudes y defectos..pero con gran coraje y valentía, aunque con poco preparación en el combate. El ejército español se había transformado durante el siglo XVIII, gracias a la influencia de oficiales progresistas que lo modernizaron y lo engrandecieron. El ejército español estaba organizado como otros muchos ejércitos de los países europeos al estilo francés.

Después de la Guerra de los Siete Años, se introdujo un vestuario y un sistema al estilo prusiano que tuvo muchas reticencias entre la tropa, debido al carácter individual del soldado español. Disponía de un mando superior bajo el mando de capitanes generales, rango equivalente al de mariscal de campo y un cuerpo administrativo de tamaño razonable y oficiales de estado mayor, intendentes y auditores. En 1808, los efectivos del ejército eran de unos 7.000 oficiales y 130.000 suboficiales y soldados de tropa, además de 30.000 milicianos o reservistas movilizados. La infantería española estaba compuesta de 35 regimientos de línea de tres batallones de cuatro compañías de las cuales una era de granaderos. Había entre ellos -- tres regimientos irlandeses, dos napolitanos, seis suizos y cuatro regimientos franceses – (Regimiento de Infantería de Línea Borbón, Royal Roussillon, Royal Provence y la Legión de la Reina) sumando en total cerca de 32.000 soldados extranjeros. La infantería ligera estaba dotada de doce batallones de seis compañías de 200 hombres. Por último había 12 regimientos de caballería y cuarenta y tres batallones de milicias de 600 hombres cada uno y cuatro regimientos provinciales de granaderos y los regimientos de la Guardia Real y la Guardia Valona. En cuanto a la caballería nuestra mayor fuerza la componían los regimientos de caballería ligera (Cazadores y Húsares). Los húsares eran aquellos que vestían uniformes militares copiados de la caballería húngara. Y tiene su origen en el siglo XV, a los caballeros reclutados en los pueblos de Hungría. En España, se creó el primer regimiento de húsares, en 1648, con el nombre de Dragones Arcabuceros de Sheldon, que luego se cambiaría por el de Regimiento de Húsares de Pavía, que fue suprimido durante la II República. Cuando empezó la guerra, España contaba con dos regimientos de Húsares; El Regimiento de Húsares de María Luisa y el Regimiento de Húsares Españoles.

 

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Oficial, corneta y lancero de la Mancha, tropas españolas al servicio del Rey José I Bonaparte.

 

EL EJÉRCITO FRANCES DE NAPOLEÓN

 

El ejército francés que se fundamentaba en la fuerza de los cañones y las bayonetas de la infantería gala, tenía que contar con una estructura militar capaz de hacer frente a todas las alianzas europeas que se constituyeron para derrotarle en las diferentes coaliciones que se llevaron a cabo a lo largo de las Guerras Napoleónicas. El tamaño del ejército francés tendió a aumentar claramente a lo largo del período napoleónico, pasando de unos 400.000 soldados durante el Consulado a unos 500.000 en 1808 y a 1.200.000 en 1813. En total fueron tres millones de soldados movilizados efectivamente entre 1792 y 1813 (incluyendo además a tres millones y medio de soldados de los países satélites de Francia). Hay que pensar que fue una cifra considerable la del 8% de la población si la comparamos con los movilizados durante la Primera Guerra Mundial, que fueron 7 millones, cerca del 20% de la población.  Los soldados que integraban el ejército napoleónico y los que luchaban contra lo constituían:

 

  • Voluntarios
  • Tropas extranjeras mercenarias (suizos, alemanes e italianos)
  • Criminales y vagabundos obligados a incorporarse al ejército
  • Levas de reclutamiento forzado

 

Entre los militares franceses de su tiempo, Napoleón fue quién, sin ser un innovador radical, fue el que mejor partido pudo sacar a las características de los nuevos ejércitos revolucionarios, adaptando a ellos los desarrollos que en las últimas décadas se venían procediendo. Además de ampliar el papel de la artillería  y la caballería, otro de los desarrollos había sido el fraccionamiento del ejército en divisiones autónomas, con una mayor movilidad y capacidad de maniobra. Una de las modificaciones más importantes introducidas por Napoleón fue la división que en teoría ya existía desde 1760, en que fue establecida por el mariscal Broglie. La novedad de Napoleón es que sus divisiones estaban compuestas por infantería, caballería y artillería, de tal manera que podían constituir un pequeño ejército con total libertad de acción y autonomía. Estas divisiones eran muy parecidas a las divisiones o Kampfgruppe  (grupos de batalla) alemanes de la II Guerra Mundial. Napoleón creó a partir de 1803 los cuerpos de ejército, compuestos de un mínimo de dos divisiones y un máximo de cuatro. Cada uno de estos cuerpos lo integraban alrededor de entre 20.000 y 35.000 soldados. Cada división contaba con 30 piezas de artillería. La Gran Armée disponía en 1807 de 300 piezas de artillería y en 1813 de 1.500. Pero Napoleón Bonaparte no sobresalía solamente por saber explotar la rapidez que le permitían las nuevas características de los ejércitos franceses. Fue también capaz de combinar el despliegue de diversos cuerpos de ejército en el marco de operaciones de estrategia a gran escala, en la que el objetivo era forzar al ejército enemigo a una batalla en la que comprometiese el grueso de los efectivos en condiciones desventajosas e infligirle una derrota desastrosa. Si durante algún tiempo la combinación de los medios facilitados por la revolución francesa y las cualidades militares de Napoleón permitieron a éste encadenar infinidad de triunfos, y  en los últimos años del Imperio empezaron a aparecer nuevos factores que conducirían a su derrota. Como por ejemplo, el desplazamiento de los campos de batalla de las ricas campiñas del norte de Italia a las vastas y menos pobladas tierras de los territorios de la Europa Oriental, donde resultaba difícil vivir sobre el terreno y donde los desplazamientos, incluso para un ejército acostumbrado a ello, resultaban excesivos y con lo cual supuso un obstáculo para su forma de hacer la guerra. A la infantería pertenecían cuerpos especializados de zapadores, cazadores, granaderos, carabineros, legiones de frontera y legiones de costa. Su arma era el fusil, definido por Napoleón como la mejor máquina de guerra inventada por el hombre, cuyo tiro alcanzaba los 600 metros. El mosquete fue el arma básica de la infantería, de complicado proceso de carga (el proyectil y la pólvora se introducían por la boca del cañón) lo que un soldado adiestrado podía hacer tan sólo tres disparos por minuto. También los cañones eran lentos de disparar (uno o dos disparos por minuto) y de escaso alcance (3 kilómetros) y de poca precisión. Aunque Napoleón, antiguo alumno del Cuerpo de Artillería supo darle una nueva visión a esta arma y la utilizó en masa para preparar los asaltos de la infantería y la caballería. La caballería de los ejércitos imperiales alcanzaba los 75.000 hombres  divididos en 78 regimientos. En 1803 Napoleón creará 12 regimientos de coraceros, que constituyen  la mejor selección y la flor y nata de la caballería napoleónica “la elite de la caballería” En España combatieron 70 regimientos franceses, cada regimiento francés tenía cuatro batallones y uno en depósito o en reserva, incluyendo una compañía de granaderos  y otra de “Voltigueurs” unidades de elite del ejército napoleónico. En España combatieron diversas unidades como:

 

  • Cazadores de Montaña
  • Guardia Nacional
  • Gendarmes
  • Guardia de París (policías reclutados)
  • Fusileros y Compañías Centrales (Cazadores a pie y Carabineros)
  • Granaderos imperiales
  • Caballería de Línea (Coraceros y Lanceros)
  • Caballería Ligera (Húsares y Cazadores a caballo)
  • Contraguerrilla (Unidades reclutadas en España)
  • Artillería pesada de sitio y ligera de campaña
  • Unidades de zapadores extranjeros (alemanes, italianos, polacos y holandeses) Infantería de Línea

 

La mayoría de ellos eran tropas bisoñas, poco experimentadas en el combate. Aunque luego llegaron los Dragones, los Húsares, la Caballería de Lanceros del Vístula y los Granaderos Imperiales. En el ejército francés en España combatieron soldados traídos de Italia, Países Bajos, Polonia, de los Estados de la Confederación de Rin (Rheinbund) en alemán, que fue creada por Napoleón en 1806, en Berlín. También combatieron soldados de Suecia, Dinamarca, prisioneros rusos, austriacos, prusianos, soldados irlandeses y los suizos de los regimientos del Príncipe de Neuchentel e Isembourg. José I también creó diversos regimientos de caballería integrada por voluntarios españoles; el Regimiento Granaderos de la Guardia Real, un Regimiento de Húsares, un Regimiento de Velites o Mosqueteros y la Gendarmería de la Guardia cuerpos francos, milicias urbanas, migueletes o escopeteros entre otros. Hubo tres zonas donde tuvieron más éxito en el reclutamiento de tropas, que fue en Andalucía, Cataluña y País Vasco.

 

En el terreno de las planteamientos tácticos; con el peso que se daba a la infantería de línea. Existían dos disposiciones de combate distintos:

 

  • La línea era el método tradicional, que seguían utilizando la mayoría de los ejércitos en el teatro de operaciones de la Europa napoleónica. Esta táctica suponía el despliegue de los infantes en 2 o como mucho 3 filas en profundidad. Permitía el fuego cerrado, con descargas relativamente sostenidas y masivas, conveniente gracias a la escasa eficacia de las armas. Pero la formación de línea requería un ejército entrenado y, aún así, era lenta y estática, aunque las tropas bien preparadas podían transformar la línea en cuadrilátero, para hacer frente a los ataques de la caballería
  • La formación en columna disponía a los soldados en puntos de lanza de 12 0 24 hombres; era una formación más móvil y ofensiva que la utilizada en la línea, aunque también más costosa en hombres. Esta táctica en combate de infantería, había sido ensalzada en 1772 por el tratadista francés Guibert y fue la preferida de los ejércitos revolucionarios franceses por adaptarse mejor a las características de sus tropas.

 

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EL EJÉRCITO INGLÉS

 

El pequeño y profesional ejército británico compuesto por 220.000 soldados  desempeñó un papel esencial en la victoria  ante Napoleón y lo hizo como lo que era: La proyección terrestre del arma esencial del Reino Unido, su Armada, la Royal Navy. Lo cierto es que su participación  en la Guerra de España fue decisiva por dos razones:

 

  • La primera porque prestaron un apoyo psicológico esencial a las tropas españolas, y las guerrillas que se oponían a los planes de Napoleón.
  • La segunda porque constituían una permanente amenaza contra el dispositivo francés de ocupación.

 

Al ejército británico no le interesaba que hubiera una hegemonía de un monarca europeo en el Continente, porque podía desestabilizar a la Gran Bretaña como potencia emergente en el control de los mares y la tierra. Por ello, les interesaba como objetivo primordial la destrucción de los ejércitos franceses, sin importarles que podía ocurrirle a los españoles. La mejor manera de destruir a Napoleón y debilitarlo era acabar con su ejército en España.

 

Con ello, tenemos que tener claro, que los ingleses no vinieron a España para ayudarnos a los españoles, preocupados por el futuro devenir de la Península Ibérica, sino para poder ejecutar sus planes a la hora de derrotar a Napoleón y mantener su hegemonía en el planeta. Su táctica era la siguiente:

 

  • Abrir las puertas lusitanas al tráfico marítimo inglés
  • Establecer en Portugal una base de operaciones para abrir un segundo frente de batalla en Europa contra Napoleón.
  • Debilitar a Napoleón, obligándole a extraer tropas de la Península para enviarlas a otros frentes de batalla.

 

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Aunque también hay que constatar quieran o no los historiadores británicos, que la participación en la Guerra de España es secundaria, y aún a pesar de la expedición de Moore o su participación en la Batalla de Talavera o la Albuera. Su actuación no influyó para nada en el devenir de la Guerra de la Península, porque el peso de la guerra lo llevaron consigo los españoles; el ejército regular y la guerrilla. Porque los franceses no sólo se enfrentaban a un ejército, sino a toda una nación. La Royal Navy era la mejor de la época, tanto por el número y calidad de sus buques como por la disciplina y pericia de sus tripulaciones. Para mantener la disciplina en sus barcos, tarea difícil dada la dureza de las condiciones de vida y el carácter no voluntario del servicio de la mayor parte de la tripulación, se recurría a castigos físicos. El ejército de tierra también empleaba recursos similares a la marina para completar el aprovisionamiento de hombres. En España combatieron 74 regimientos ingleses, de los cuales 21 eran de caballería y el resto de infantería de línea o ligera; en total más de 150.000 hombres a lo largo de toda la guerra. Cada batallón de infantería de línea se componía teóricamente de diez compañías de 100 hombres cada una, de ellas, una era de granaderos y otra de infantería de línea. Durante la campaña en la Península Ibérica estuvieron presentes 51 regimientos de infantería de línea y tres de la Guardia Real. Entre ellos había que destacar a la élite, dos de las mejores unidades del ejército británico; El 95 Regimiento de Rifles “Royal Hamilton” y el 50º Batallón del 60º Regimiento de la Guardia Real.  De entre las tropas extranjeras al servicio de la infantería que combatieron en la Península hay que destacar a la:

 

  • King’s German Legión (La Legión Alemana del Rey) que contaba con 5 regimientos de caballería y 6 regimientos de infantería ligera y de línea. En total unos 22.000 soldados procedentes del Reino de Hannover.
  • Oëls Jägers de Brünswick, con sus llamativos uniformes negros (Regimientos de Húsares)
  • Los Chasseurs Britaniques; integrados por soldados franceses emigrados a Inglaterra.

 

La caballería británica no disponía de coraceros ni lanceros en España, pero sus regimientos de línea, eran auténtica caballería pesada. Los húsares eran regimientos muy recientes en el ejército británico, aunque se les denominaba Dragones Ligeros o los Dragones Verdes, por su uniforme. Su arma principal era el sable pesado francés, y una carga de esta caballería era letal para la infantería. Lo demostraron en muchas ocasiones en la Guerra de Independencia americana, destrozando las líneas de la milicia del ejército continental con sus cargas. En 1808, de sus 35 regimientos, tres eran de la Guardia a caballo, siete de Dragones de la Guardia, seis de Dragones pesados, quince de Dragones ligeros y cuatro de Húsares, formando en regimientos de cinco escuadrones de entre 60 y 80 jinetes. Intervinieron en España 6 regimientos de Dragones, 3 de la Guardia, 4 regimientos de Húsares y ocho de Dragones ligeros. El ejército británico utilizó en la Guerra de la Península, como ellos la llamaban, once baterías de artillería a pié y varias de artillería a caballo. Cada batería tenía por lo general 6 piezas. También hubo en España un eficiente grupo de ingenieros y zapadores británicos.

 

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EL EJÉRCITO PORTUGUES

 

El ejército portugués no puede decirse que tuviera un destacado papel en la guerra de 1808. Ante la huida del gobierno y de la familia real al Brasil. Todo ello, causado por la invasión hispano-francesa, la totalidad de sus unidades seguirían intactas y por orden de Napoleón se integraron en el ejército imperial francés, reorganizado con el nombre de Legión Portuguesa.

Después de la rendición de Cintra y la consecuente expulsión de los franceses del mariscal Massena de Portugal, llegó el general Beresford que reorganizó el nuevo ejército portugués. Este ejército estaba formado por 24 regimientos de línea con dos batallones de siete compañías. Cada batallón debía tener 770 hombres, sin contar oficiales y músicos, por lo que un regimiento tenía una fuerza teórica de 1.550 hombres, aunque a lo largo de la campaña disminuyó a 1.300 soldados. Las tropas portuguesas fueron armadas y uniformadas al estilo británico y según fue avanzando la guerra, fueron adaptándose a la forma y táctica de combate del ejército inglés. La infantería ligera contaba con seis batallones de cazadores. Cada batallón tenía 7 compañías de 110 hombres de las que una era de tiradores. Vestidos de marrón y armados con el fusil rayado Baker se iban a convertir en toda una leyenda durante la guerra. Esta fuerza de elite de tiradores, fue incrementándose a lo largo de la guerra, tras la disolución en 1811 de la Leal Legión Lusitana, que había sido creada por sir Robert Wilson con una fuerza de tres batallones, de 10 compañías de 100 hombres cada una, más los oficiales. La milicia portuguesa tuvo una gran importancia en las operaciones entre 1810 y 1812. Portugal estaba dividida en 48 distritos de reclutamiento que aportaba un regimiento de dos batallones cada uno, con doce compañías. Aunque cada regimiento tenía que tener unos 1.500 hombres, aunque nunca se llego a esta cifra. Además también había una leva de origen medieval, llamada la Ordenanza, que se utilizaba para defender el interior del país. Al iniciarse la invasión francesa, Portugal disponía de doce regimientos de caballería de cuatro escuadrones cada uno; con 600 hombres por regimiento. Al igual que en España –faltaban monturas—de un total teórico de 10.000 caballos, tan sólo había monturas para 4.500. Hubo también unidades de voluntarios, dirigidos por generales ingleses; como la Leal Legión Lusitana o la Legión de Voluntarios de Comercio de Lisboa.

 

Otro de los ejércitos más prestigiosos de la época, pero que no luchó en España, fue el Ejército prusiano, aunque si hubo soldados alemanes de la Confederación del Rin, aliados de Napoleón en la Península, integrados en las unidades francesas. Prusia era una sociedad muy militarizada, orientada desde hacia más de un siglo por sus dirigentes y gobernantes al aprovechamiento de los recursos humanos con fines bélicos. Aunque en el siglo XVIII, tenía una población reducida, su ejército, no era nada desdeñable, unos 200.000 soldados. Tantos como Francia en 1792, a pesar de tener una población cinco veces menor. Los valores militares estaban arraigados entre la nobleza prusiana, para la que era señal de prestigio social el servicio en el Cuerpo de Oficiales. La población civil sufría, más que en cualquier otro estado, los sacrificios que comportaba esta militarización de la sociedad. La derrota de Prusia en 1806 produjo un fuerte impacto, que abrió paso a voces reformistas. Para poder mejorar la operatividad militar del estado prusiano era necesario algo más que la reforma del ejército. La lucha contra el Imperio francés a partir de 1813, después de la derrota de Napoleón en Rusia, se realizó apelando a la movilización nacional, lo que en la práctica supuso poner en pie de guerra a cerca de 300.000 soldados (el 6% del total de la población prusiana), bien, englobados en el ejército regular reformado, bien en la milicia provincial (Landwehr), bien en el cuerpo de voluntarios o en la guerrilla (Landsturm).

 

Primera parte

 

Segunda parte

 

 

Horarios

Por: David Odalric de Caixal i Mata
Historiador Militar
Director de la Fundación Sociedad y Defensa de ECOSED
Director del Área de Investigación, Análisis y Formación Universitaria del Instituto Europeo de Seguridad y
Defensa de ECOSED (Espacio Corporativo de Seguridad y Defensa)
Miembro del Grupo de Investigación del LSTE (Libertad, Seguridad y Transformaciones del Estado) de la
Universidad Autónoma de Barcelona.
Miembro del Grupo de Investigación de “Estudios de Historia de España” de la Universidad a Distancia de Madrid.

Bibliografía, Créditos y menciones

Por: David Odalric de Caixal i Mata
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