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El misterioso Don Julián, conde visigodo de Ceuta

El conde Julián, señor de Septem (Ceuta), era cliente del rey Witiza y unido a éste por especiales lazos de fidelidad personal

El misterioso Don Julián, conde visigodo de Ceuta

El conde Julián, señor de Septem (Ceuta), cliente del rey Witiza y unido a éste por especiales lazos de fidelidad personal, muy en la línea de la devotio ibérica[1], exceptuando que este enigmático personaje no se suicidó a la muerte de su patrón, como hacían sus fieles practicantes. Los tiempos habían cambiado. Julián pacta con Tariq y Musa, líderes musulmanes del Magreb, y solicita su ayuda para derrocar a Roderico. Julián no era solamente el señor de Ceuta, Tánger y territorios adyacentes, sino que algunas fuentes árabes también le hacen gobernador de la orilla norte del Estrecho. Según algunos autores, Julián estaba al servicio del rey de Spania Witiza, razón por la que muy bien no debía llevarse con Rodrigo, aunque algunas fuentes se refieren al episodio de la violación de la hija del conde (“la Cava”[2]), con el rey Witiza como protagonista, versión no demasiado creíble.

Julián (o Urbano según algunas crónicas) controla el Estrecho de Gibraltar (Ceuta y Iulia Traducta[3]) pues es dueño de barcos mercantes que van y vienen como Pedro por su casas entre las dos orillas del Estrecho. Aunque autores como Eduardo Saavedra son de la opinión de que Algeciras no estaba bajo el control del misterioso conde, pues si no, no hubiese sido tomada por la fuerza de las armas, como así ocurrió. Según algunas fuentes, entre ellas algunas de origen islámico, en Sevilla tuvo lugar el famoso incidente entre la bella hija de Don Julián, que incluye su violación o seducción consentida (según la fuente que se consulte) por el rey Roderico. En todo caso, un hecho envuelto en las brumas de la leyenda, y que el señor de Ceuta y Algeciras obviamente no perdonó. Tanto fue así que estas leyendas afirman que fue causa inmediata de la presencia definitiva de los musulmanes en las cuitas entre los nobles godos. E hispanorromanos, que no se nos olviden, que aunque las cabezas más visibles de las facciones nobiliarias son germánicas, los terratenientes hispanorromanos apoyan a aquéllos de su preferencia, ya sea por razones de clientelismo, por simpatías personales o por razones socioeconómicas.

Es también interesante señalar al albur del turbio episodio del ¿ultraje? a la hija de Don Julián, que el cronista musulmán Ibn Jaldún, lo sitúa durante el reinado de Witiza, teniendo como protagonista a este monarca, y no a Roderico, denostado por el resto de la historiografía árabe e islámica pero no por el texto mozárabe de Raqqada, que también culpa a Witiza de la violación de la hija del señor de Ceuta. Por cierto, Ceuta había formado parte de los enclaves bizantinos para controlar el Estrecho y vigilar cualquier movimiento por parte del reino godo, cuya importancia como enclave era fundamentalmente naval. Verosímilmente, Julián podría haberse tratado de un personaje dependiente del Imperio bizantino, cuya posición habría quedado un tanto en precario con el desmoronamiento del control imperial en África ante la acometida islámica y no es de extrañar que buscara alianzas en el reino visigodo. De Julián/Urbano nos dice la Crónica mozárabe del 754 que era originario de África y que era católico, información que ningún cronista resaltaría de un visigodo, pues era algo indiscutible. Pero si era un católico súbdito del Imperio bizantino, la cosa cambiaba. Y que lo mismo era hasta bereber.

Últimamente García Moreno ha propugnado la existencia de un amplio interregno entre los reinados de Witiza y Rodrigo. Si se produjo este interregno, que tampoco pudo ser muy extenso, se incidiría aún más en la posibilidad de un conflicto sucesorio. El anónimo mozárabe de 754 es muy claro en la calificación de la situación como de guerra civil. Intestino furore es la expresión que utiliza para referirse al conflicto. Probablemente ese enfrentamiento precipitó y facilitó la conquista musulmana.

 

 

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[1]Forma especial de clientela militar existente en la sociedad ibera prerromana.

[2]La Cava tenía nombre. Se llamaba Florinda, y había sido enviada, según la leyenda, por su padre Don Julián a la corte toledana a educarse y a encontrar un buen partido. Parece que la doncella acostumbraba a bañarse al pie de lo que ahora es el puente de San Martín. Don Rodrigo le echó el ojo y yació con la joven, no sabemos si de buen grado o no, aunque suponemos que sí, tratándose de Rodrigo, rey y buen mozo. A raíz de estos hechos, Florinda fue conocida como La Cava, voz procedente del árabe y que quiere decir algo así como prostituta. Demasiado para el sensible honor del conde de Ceuta.

[3]Algeciras.

Bibliografía, Créditos y menciones

Texto propiedad de Diego Salvador Conejo Extraido de la obra de Diego Salvador Conejo "Hijos de Mayrit: La Huella islámica en Madrid y Comunidad" https://www.amazon.es/Hijos-Mayrit-huella-islámica-Comunidad-ebook/dp/B01BDVAPKE

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