Rutas con Historia

Asalto al Cuartel de la Montaña

El asalto al cuartel de la montaña tuvo lugar el 20 de julio de 1936 y se convirtió en el primer gran enfrentamiento de la Guerra Civil Española en Madrid.

Asalto al Cuartel de la Montaña

Si quieres leer un breve resumen de la situación política Española, previa  a la sublevación militar del 18 de julio de 1936 que desemboco en la Guerra Civil Española pulsa en el enlace. ANTECEDENTES.

Comenzamos con la sublevación militar del ejército de África y los días previos al asalto del cuartel.

17 de julio de 1936

Las instrucciones del General Mola, encargado de coordinar el golpe de estado y conocido con el nombre clave del Director, estipulaban que todas las unidades implicadas en el alzamiento estuvieran ‘’dispuestas’’ el día 17 a las 5 de la tarde (el 17 a las 17 horas), para empezar el Alzamiento en Marruecos. El ejército África comienza el golpe de estado un día antes que en la península.

18 de Julio

En Madrid en total contaba con veinticinco compañías de Guardias de Asalto, catorce de la Guardia Civil, cinco de Carabineros y tres escuadrones de seguridad. El general Sebastián Pozas al mando de la Guardia Civil fue  el hombre clave para que fracasara la sublevación, exhortó a todas las Comandancias de la Benemérita lealtad al Gobierno, ordenando el arresto inmediato de cualquier militar que abandonara su destino.

La guardia del Palacio Nacional, antes denominado Palacio Real, fue  reforzada se instalador incluso ametralladoras en lugares estratégicos, tenemos que recordar que en aquel momento era la residencia del Presidente de la República Manuel Azaña. Se conoce ya la sublevación del ejército de África y todo indica que se van a producir  más levantamientos en diferentes plazas. A la escolta presidencial se  unió dos compañías del Regimiento Inmemorial número 1, y en el exterior se encontraban numerosos efectivos de la Guardia Civil.

El General Sebastián Pozas Perea, general de división y que ocupa el cargo de inspector de la Guardia Civil, ha permanecido toda la noche en el Ministerio de Gobernación, intentando asegurar la lealtad de las diferentes comandancias al Gobierno.

Durante todo el día se producen comunicaciones con todos los cuarteles y aeródromos militares de la Península para asegurarse la lealtad a la República, se repasan las diferentes guarniciones y la posible actitud de sus jefes.

En el Cuartel de la Montaña sus tropas están acuartelados, el ministro envía a su ayudante, Díaz Varela, a reclamar los cincuenta mil cerrojos de fusil almacenados en el Cuartel de la Montaña, donde el coronel Moisés Serra se los ha negado con diferentes argumentos.

Por motivos de seguridad los fusiles se encuentran desmontados y divididos sus piezas en diferentes cuarteles, en el Parque de artillería había miles de fusiles pero estaban si cerrojos, por lo tanto inútiles.

El Cuartel de la Montaña era una edificación militar que se situaba donde hoy está el templo de Debod, en la montaña de Príncipe Pío. Su construcción comenzó en 1860 bajo la dirección de Ángel Pozas y terminando en 1863. Se trataba de un sólido edificio de cuatro plantas de ladrillo y granito de gran sobriedad, de planta cuadrangular y dos patios, con capacidad para albergar una guarnición de 2.600 a 3.000 soldados de infantería, ingenieros y un grupo de alumbrado.

Por la tarde Dolores Ibarruri, diputada del Partido Comunista por Asturias, desde un despacho del Ministerio de la Gobernación donde se ha instalado un improvisado estudio radiofónico, se dirige al pueblo de Madrid y al de toda España en nombre del Partido Comunista:

“Trabajadores, antifascistas, pueblo laborioso: todos en pié, dispuestos a defender la República, las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo...”

Mientras La Pasionaria pronuncia estas palabras, son muchos los ciudadanos que llevan horas esperando a que se les faciliten armas para enfrentarse a los sublevados.

A primera hora de la noche se confirma que la dimisión del Gobierno es un hecho, y también que Martínez Barrio va a formar uno nuevo a base de republicanos de centro. La principal misión de este nuevo gabinete es la de pactar con los sublevados.

Mientras tanto, miembros de partidos y sindicatos empiezan a establecer controles por la ciudad y la periferia, en diferentes puntos estratégicos se comienza a construir barricadas, a la vez se comienzan a repartir algunas armas que poco a poco se van consiguiendo por diferentes medios. Las organizaciones obreras controlan las barriadas.

Así finaliza en Madrid el caluroso sábado 18 de Julio de 1936. En las rotativas los periódicos se preparan para salir la mañana del día 19 con el titular “VIVA LA REPUBLICA ESPAÑOLA”.

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19 de julio

Desde primera hora de la mañana grupos de personas, comienzan a dirigirse hacia la Puerta del Sol donde se encuentra el Ministerio de la Gobernación, otros lo hacen hacia la Plaza de Cibeles para protestar frente al Ministerio de la Guerra, muchos hacia el Palacio Nacional. La palabra traición corre de boca en boca, en contra del nuevo gobierno, la calle pertenece a los que protestan y se empiezan a ver armas en las manos de alguno de los manifestantes. Las fuerzas de orden público permanecen sin intervenir o incluso se suman a las manifestaciones.

El general Fanjul vestido de paisano se desplaza al Cuartel de la Montaña, en compañía del comandante Castillo y de su hijo José Ignacio, que es teniente médico, en un segundo automóvil viajan varios oficiales que le dan escolta. Son las doce y media de la mañana cuando llegan al cuartel. El general Fanjul tras el triunfo del Frente popular  fue cesado, quedando sin mando de tropa y destinado forzoso en Madrid. Su presencia en el cuartel podía haber resultado decisiva, pero en vez de utilizar las tropas que disponía para ocupar puntos estratégicos y neurálgicos de la ciudad, optó por permanecer encerrado a la espera de unos hipotéticos refuerzos que debían llegarle de Burgos y Valladolid. De esa manera, condenó el golpe al fracaso.

En el Palacio Nacional el presidente Azaña habla telefónicamente con el presidente de la Generalitat Lluis Companys: la rebelión en Barcelona ha sido definitivamente sofocada.

En la Maestranza y Parque de Artillería de Pacífico se concentra un gran número de civiles, se ha propagado el rumor de que se van a repartir fusiles al pueblo. El teniente coronel don Rodrigo Gil, de ideas izquierdistas, se encuentra al mando del cuartel. Mientras tanto en el Cuartel de la Montaña algunos civiles, falangistas, comienzan a acceder al edificio, donde se les proporcionará uniformes militares.

Desde la Maestranza de Pacífico una batería se dirige por las calles de Madrid hacia el Cuartel de la Montaña, al mando se encuentra el teniente Urbano Orad de la Torre, que ha recibido la orden del teniente coronel Vidal. La media batería, pues son solo dos cañones Schneider del siete y medio, provoca una espontánea manifestación de júbilo popular a su paso. La caravana llega a la Plaza de España donde se detienen los camiones. Allí Orad de la Torre se encuentra con el teniente Máximo Moreno, uno de los implicados, aunque indirectamente, en la muerte de Calvo Sotelo. También apoyan al cerco que comienza a cerrarse sobre el cuartel dos vehículos blindados. Por las terrazas de los edificios que rodean el cuartel comienzan a situarse guardias de asalto.

Orad de la Torre instala la batería en el centro de la plaza, cerca de la estatua de Cervantes, el teniente coronel Vidal y su hijo andan gestionando unas piezas del quince, que de conseguirlas emplazaran junto a la iglesia de los Carmelitas.

En el Cuartel de la Montaña el general Fanjul está convencido de que se encuentran aislados. El capitán Betancourt que ha salido varias veces en misión de enlace, le ha informado de que se mantiene un cerco en toda regla sobre el cuartel.  Fanjul cree más factible mantenerse a la defensiva en el interior del cuartel, esperando a las columnas que el piensa que sin duda ya avanzan desde Burgos Zaragoza y Pamplona camino de Madrid. Todo se prepara para la defensa del edificio, se instalan ametralladoras en los tejados, se protegen las aberturas con colchones y chapas metálicas. A caer la noche las luces del cuartel se apagan por precaución, los asediadores han hecho lo mismo con el alumbrado público. En el cuartel se saben rodeados, no tienen noticias del resto de fuerzas sublevadas, ni de la situación en el resto del país.

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20 de julio

El Cuartel es defendido por 1364 hombres pertenecientes a los regimientos de  infantería, zapadores minadores y de alumbrado, que son su destacamento habitual. Les acompaña un reducido grupo de voluntarios civiles de Falange, que sean unido a los alzados desde el día 18. Debemos destacar que dentro de ese número de hombres hay 145 oficiales.

A primera hora de la madrugada millares de personas rodean el cuartel y se producen varios intercambios de tiros. Surgían algunos espontáneos que creían que todo era cuestión de valor personal para entrar en el cuartel y perecían en el intento. Se lanzan octavillas desde un avión invitando a la rendición del cuartel.

Enarbolando bandera blanca se acerca hasta el cuartel Francisco Carmona Martínez acompañado por  un pequeño grupo que le dan escolta. Llevan un mensaje de parte de teniente Moreno de la Guardia de Asalto, que le comunica que tiene orden del Ministerio de la Guerra de conminar a la rendición a los sublevados: deben salir desarmados, brazos en alto entregándose como prisioneros, serán tratados con respeto y juzgados de acuerdo a las leyes vigentes.

Carmona  es recibido y escuchado por  los oficiales que le contestan que resistirán mientras que quede un solo hombre vivo y le dejan salir de nuevo.

Momentos más tarde las piezas de artillería situadas junto a la Plaza de España al mando del teniente Orad de la Torre, comienzan a abrir fuego sobre el cuartel, han situado los cañones cerca de la calle del Reloj. Como solo disponen de dos cañones, Orad conmina a los sirvientes de las piezas a efectuar rápidamente dos disparos seguidos de tal forma que los acuartelados piensen que están siendo atacados por una batería completa. El estampido de los disparos hace que entre los atacantes cunda el regocijo, los proyectiles comienzan a hacer mella en el edificio y seguramente también en la moral de los sitiados. Casi al mismo tiempo dos aviones lanzan varias bombas sobre el cuartel.

Se une al combate una pieza del quince y medio al parecer ha sido trasportada hasta el lugar por un camión de reparto de la cerveza Mahou, bajo las órdenes del  teniente coronel Vidal, que disparando desde una posición cercana a la iglesia de los Carmelitas demuestra la eficacia de su calibre. Los destrozos comienzan a ser visibles en el edificio. El teniente Orad ha cambiado la situación de una de sus piezas, emplazándola en la calle Luisa Fernanda con Ferraz. La aviación continúa causando estragos en el interior del cuartel. Se suman dos carros de combate de 14 toneladas que también participan en el asedio.

De pronto, aun sin cesar el tiroteo, aparece un trapo blanco en una de las ventanas del cuartel, muchos de los sitiadores han comenzado a correr hacia el cuartel dando gritos de alegría, con los fusiles en alto o disparando al aire. De repente las ametralladoras del cuartel han abierto fuego, desde las ventanas, los fusiles también disparan contra los asaltantes.  La bandera blanca no significa la rendición del cuartel sino la rendición de alguno de los soldados que no son partidarios del golpe. Se reanuda el combate y produce un  mayor sentimiento de rabia entre los asaltantes que consideran un acto premeditado y desleal  de los sublevados. Bajo el intenso fuego, el cuartel de la Montaña no podrá resistir mucho tiempo. Los cañonazos están causando importantes daños en la fachada y  varias bajas entre los defensores, la acción de la aviación también es demoledora, así como el hostigamiento al que se ven sometidos los defensores por las ametralladoras emplazadas en las terrazas de los edificios que rodean el cuartel. Todo ello va haciendo mella en el ánimo de los defensores, a lo que hay que sumar la acción de los militares izquierdistas, que también los hay entre la tropa y suboficiales que se encuentran dentro del cuartel, invitando a la desafección a los soldados.

El general Fanjul resulta herido levemente en la cabeza y el coronel Serra en el brazo, el despacho de este último ha resultado destrozado por el impacto de un proyectil. Empieza a cundir la desmoralización entre los defensores del cuartel. El coronel Serra intenta formar una compañía para salir del cuartel, pero se ven obligados a retroceder al recibir un intenso fuego de fusiles. Los sitiadores han colocado un potente altavoz por el que se anima a los soldados a abandonar el cuartel, prometiéndoles que les mandarán licenciados a sus domicilios. Los defensores ven como los asaltantes van tomando posiciones cada vez más cerca de los muros del cuartel,  dentro en un comedor, unos soldados con un sargento entonan La Internacional. Uno de los blindados abre fuego desde la estatua del general Cassola, en los jardines frente al cuartel, los asaltantes se acercan cada vez más al edificio.

Jesús López, guardia de primera de la Benemérita, junto con otros compañeros de su compañía han conseguido alcanzar la fachada. El asalto se ha combinado, y un teniente coronel que manda las milicias ciudadanas, intentará el asalto por el talud que da a la Estación del Norte, mientras que se intensifica el fuego desde los demás puntos. López y sus compañeros van tomando posiciones y estudiando como entrar al edificio cuando desde el interior del cuartel se escuchan los acordes de La Internacional. A unos de los balcones laterales se asoman soldados que saludan con el puño en alto. El cuartel de infantería ha caído, pero en el de Zapadores y el de Alumbrado continúa la resistencia, que poco a poco va siendo sofocada. Los últimos defensores se baten en retirada; algunos son alcanzados y muertos por disparos a quemarropa. Los últimos focos se rinden, algunos de los sublevados han decidido suicidarse. Los milicianos entran con rabia en los edificios todavía recuerdan el episodio de la bandera blanca.

El patio está cubierto de cadáveres de muebles rotos, de cajas vacías, de papeles, de cascotes. Mucha gente se mueve y agita en medio del más desordenado barullo; los paisanos se prueban cascos, cartucheras o prendas militares y disputan por apoderarse de un fusil o de unas botas. Muchos de los rebeldes son hechos prisioneros, otros consiguen confundirse con los asaltantes y consiguen escapar.

Tras el asalto a las instalaciones se producen matanzas y suicidios de oficiales, 98 de ellos mueren, 14 son heridos y 12 son hechos prisioneros. El enfrentamiento provoca un total de unos 200 muertos y decenas de heridos. El general Fanjul es detenido por el teniente Moreno, de la Guardia de Asalto y el coronel Serra muere. Las milicias obreras se hacen con los cerrojos y fusiles. Algunos falangistas lograron confundirse entre los asaltantes y salvar la vida, pero otros fueron identificados  y fusilados.

Contrariamente a lo que se piensa, los milicianos no se hicieron con un gran número de armas y municiones, si bien las preciosas reservas de municiones y armas que había presentes en el cuartel pudieron ser llevadas al ministerio de la Guerra por los guardias de Asalto

La bandera del cuartel es llevada hasta la Puerta del Sol, donde se cuelga en el Ministerio de Gobernación.

La situación en el resto de España es confusa e incierta. Gran parte se mantiene leal al Gobierno de la República, pero en muchas otras zonas son los rebeldes los que están al mando. La sangre ha empezado a correr en muchos lugares.

El general Fanjul tras ser juzgados el 15 de agosto por rebelión militar, es fusilado.

.El edificio, que ya había resultado dañado durante el asedio y posterior asalto, recibió durante la guerra el impacto de numerosos proyectiles de artillería debido a su cercanía con la línea de frente, prácticamente estabilizada desde inicios de 1937. Hacia el final de la contienda era ya tan sólo un conjunto de ruinas irrecuperables, algunas de las cuales podían aún verse a principios de los años sesenta.

Hay un monumento de Joaquín Vaquero inaugurado el 20 de julio de 1972, el mismo día que el templo de Debod, que recuerda este acontecimiento.

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