Rutas con Historia

Yacimiento de Ulaca

Yacimiento de Ulaca, situado en un promontorio, cuenta con restos arqueológicos poco comunes como un altar y una sauna de iniciación, construidos en granito.

Yacimiento de Ulaca

Al yacimiento vettón (o protovettón o lo que sea) de Ulaca se llega una vez pasado Solosancho y su pedanía Villaviciosa (provincia de Ávila). El acceso está indicado. Pasado Villaviciosa se toma una pista forestal que nos llevará hasta un aparcamiento a cuya izquierda se encuentra una cancela que hay que abrir. Posteriormente una vereda indicada nos sube en pronunciado ascenso durante unos 20 minutos hasta la primera línea de fortificación del poblado.

Descripción general del yacimiento

Ulaca es el oppidum más grande conocido entre los vettones y uno de los mayores conocidos en la Céltica ibérica.

Domina estratégicamente el abulense valle Amblés, desde lo alto de un cerro a 1500 m de altitud, en la sierra de la Paramera, estribaciones septentrionales de Gredos. La cumbre está amesetada, con marcado ascenso hacia el oeste, para caer abruptamente sobre Villaviciosa, que como hemos dicho es pedanía de Solosancho.

En la meseta se han descubierto cimentaciones piedra de casas de planta cuadrada y rectangular, de compartimentación dispersa. Las viviendas se distribuyen dispersas por todo el cerro amesetado, y no se distingue ninguna estructura de calle. Son viviendas que se adaptan a la topografía del lugar. En la plaza de Solosancho luce una escultura granítica de un toro, que necesariamente se relaciona con el asentamiento de la Edad del Hierro. Esta escultura procede de un manantial del cerro y conocido como “Fuente del Oso”. Otros dos toros se conocen en los alrededores de Villaviciosa.

El asentamiento es de forma ovalada, protegido por torres y una muralla de piedra de un perímetro de más de 3 Km que encierran 70 ha de superficie, lo que hacen de Ulaca el núcleo más grande de la comarca y uno de los más grandes de la Península Ibércia. Pero no estaba ocupado homogéneamente, ya que si bien, la zona central revela, con matices, una densa ocupación, la adaptación a la topografía imponía la superficie que debía ser amurallada. Por ello, amplias zonas del asentamiento permanecieron prácticamente desocupadas, aunque también pudo dedicarse esta zona deshabitada para los pastos y el ganado que pacía tranquilamente sobre ellos. Además ese sitio “vacío” se ocuparía por las gentes de alrededor que dependían jerárquicamente del asentamiento principal en momentos de inestabilidad y conflicto.

Historia arqueológica del yacimiento

Las primeras noticias sobre el yacimiento se remontan al siglo XIX (Ballesteros, 1896), aunque la primera descripción exhaustiva se debe a Gómez Moreno. A esta persona se le había encomendado elaborar el catálogo monumental de la provincia de Ávila en 1901. Entre 1914 y 1915, reputados arqueólogos como P.Paris, R.Lantier y H. Breuil (sí, el de las pinturas rupestres) visitaron el lugar, y Lantier y Breuil levantaron un plano de las murallas. Sacaron a la luz su potente sistema de fortificación, estructuras monumentales y ajuares domésticos que se relacionan con los que excavó Juan Cabré en Las Cogotas desde 1932.

A finales de los años 40, Gutierrez Palacios y Posac Mon realizaron algún que otro sondeo arqueológico. Pero ha sido desde los años 90 cuando ha sido prospectado sistemáticamente, sobre todo por los equipos del departamento de Prehistoria de la UCM, dirigidos por Gonzalo Ruiz Zapatero y Álvarez Sanchís, quienes se han centrado en 1) determinar la organización interna; 2) seguimiento completo del recinto amurallado; 3) localización de las viviendas y otras estructuras; 4) recogida de materiales arqueológicos; 5) documentación de áreas artesanales y 6) análisis del contexto regional.

En 2003, ambos investigadores de la Complutense localizaron en la falda norte un sector del cementerio de Ulaca. Además, en 2004, descubrieron que además de los enterramientos, al pie de la ladera existía un conjunto de estructuras artesanales que confirma la extraordinaria importancia del oppidum en el entorno.

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El sistema defensivo

El sistema defensivo de Ulaca  estaba ligado a la necesidad de disponer de varias entradas al poblado además de las propias de un núcleo urbano que precisaba de fortificaciones. Según la forma de acceder al lugar y orografía de cada puerta, la defensa en ese punto era más o menos compleja.

En el punto del poblado por donde accedemos al recinto amurallado, que es aquel donde nos deja el camino marcado desde el aparcamiento, la defensa se organizó con varias líneas de muros a modo de barbacanas (las barbacanas estaban por lo general situadas fuera de la línea principal de defensa y conectadas a los muros de la ciudad por un camino fortificado), y que tenían como misión desgastar a las tropas atacantes.

Continuando con el camino más o menos marcado, encontramos unos metros más arriba otra línea de defensa, reforzada por torreones de planta cuadrangular. Según las técnicas propias de la época, las murallas se construyeron utilizando el sistema de doble paramento: dos muros se adosaban uno a otro, garantizando que si se producía el derrumbamiento del primero, el segundo o interno quedaría indemne.  

La muralla principal, a la que se llega después de atravesar dos fortificaciones exteriores, en forma de barbacanas, como hemos visto, y que rodeaba el asentamiento tiene un perímetro de 3000 metros.  Los dos paramentos están constituidos por bloques grandes y las caras planas vistas al exterior. Se adapta bien a la topografía y tiene 9 entradas o lo que así se ha interpretado después de observar otras tantas interrupciones de la muralla. Murallas y puertas, debieron presentar un imponente aspecto desde el valle. Un sistema defensivo tan espectacular bien pudo ser levantado por razones militares, pero también por razones internas y de prestigio, puesto que se podría haber tratado de controlar mejor a los habitantes del lugar y a la vez, exhibir la fuerza de los residentes en el cerro.

El poblado

El poblado se articula en torno a dos grandes vaguadas que lo atraviesan de Este a Oeste. Se han reconocido más de 250 casas repartidas en distintos puntos de la ciudad, e incluso el hábitat se extiende extramuros. Aunque es difícil discernir si los cantos amontonados por todas partes formaron parte de edificaciones domésticas. En algunos lugares observamos piedras hincadas formando hileras.

En general, la conservación de las ruinas es aceptable, por no existir reocupaciones posteriores, y la distribución actual de estructuras refleja más o menos la que pudo tener el poblado en la Edad del Hierro. La roca base o madre aflora en muchos sitios y la ausencia de aportes suplementarios de rocas sedimentarios hace plausible que los restos que hoy contemplamos sean los que existieron durante el tiempo en el que el poblado estuvo activo. Es posible que Ulaca sea la fosilización superficial de un poblado prerromano.

Viviendas:

Las viviendas tienen planta cuadrada o rectangular, con una superficie estimada entre 50 y 150 m2. Se dividen en tres o cuatro estancias. La primera estancia era la más importante, donde se hacía la vida cotidiana, con un banco corrido adosado a la pared y un hogar. Supone prácticamente la mitad del espacio habitable y se accede desde el exterior. Las otras habitaciones serían la despensa (donde se depositaban los grandes recipientes de cerámica o los aperos de labranza) y el dormitorio.

Las puertas de las casas estaban señaladas por dos bloques de mayor tamaño que el resto y suele orientarse hacia el este, por donde sale el sol.

Los muros estaban formados por zócalos de piedra granítica, que es la habitual en la zona, y se recrecían o con adobe o a veces, con piedra. Las cubiertas estaban formadas por troncos de árbol recubiertos de barro y paja. En algunos casos se excavó directamente en la piedra, algo a lo que estaban muy habituados, como veremos en el santuario y la sauna ritual. Existen algunas viviendas de aspecto troglodítico. La organización espacial podría reflejar diferencias sociales, pero también distintas funciones, que no tenían por qué ser estrictamente domésticas.

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Santuario o altar de sacrificios

La práctica de sacrificios humanos o de animales por los pueblos de la Antigüedad estaba muy extendida, según nos revelan las fuentes de autores clásicos.

El santuario o altar de sacrificios es la estructura más característica del oppidum de Ulaca. Es una estancia rectangular tallada en roca asociada a una gran peña en la que se ha excavado una doble escalera que conduce a una plataforma con dos concavidades comunicadas entre sí. Una de ellas vertía sobre una tercera, la cual se comunica con la parte inferior de la peña a través de un canal. La función sagrada del monumento se ha interpretado a partir de paralelos (santuario portugués de Panoias – Vila Real-) con inscripciones latinas que informan de sacrificios de animales realizados en el lugar. Próximo al ara de sacrificios se encuentra un espacio bien delimitado por grandes lajas donde los espectadores asistían al ritual.

Las entrañas de las víctimas se quemaban en cubetas como las que observamos en esta estructura y la sangre corría hacia otras similares, al tiempo que se rendía culto a las divinidades. La orientación del altar coincide con la cumbre más alta de la Sierra de la Paramera, el “Risco del Sol”, algo que no parece casual y que podría estar relacionado con algún fenómeno celeste, ya que el Risco es visible desde Ulaca. Parece ser que existieron marcadores astronómicos en el poblado: la pendiente de las dos escaleras del altar apunta a la posición que tiene el sol en el solsticio de invierno.

Sauna ritual

Los ritos de iniciación han sido práctica habitual en la historia del hombre. El paso de niño a hombre nunca ha sido moco de pavo, y así ha sido reconocido por todas las culturas y en todas las épocas. 

Cerca del famoso altar de Ulaca encontramos otra construcción rupestre bien definida, de planta rectangular y dividida en tres habitaciones: antecámara, cámara y horno. Este lugar, excavado laboriosamente en la roca (como el altar, que denota la alta maestría como canteros que alcanzaron los habitantes del oppidum), se ha interpretado como una sauna ritual en la que posiblemente los guerreros eran iniciados como tales a una determinada edad o incluso antes de cada combate. Es una estructura habitual en los poblados de Europa occidental de la Edad del Hierro. Su estructura es análoga a saunas de algunos asentamientos del Noroeste de la Península. Estrabón hace referencia a funciones termales relacionadas con ritos y baños de carácter iniciático, como he dicho antes, frecuentes entre las poblaciones de la Meseta norte. Dice así el geógrafo griego: “De algunos de los pueblos que viven en las inmediaciones del Duero se dice que viven a la manera espartana, ungiéndose dos veces con grasas y bañándose de sudor obtenido con piedras candentes, bañándose en agua fría y tomando una vez al día alimentos puros y simples”.

Atalaya

Es un importante edificio en forma de torre, delimitado por un pequeño recinto amurallado. Parece que funcionó como atalaya para vigilar el tráfico interno de mercancías, función que parece desprenderse del hecho de dominar visualmente desde el sur una enorme extensión del área habitada y por tanto el trasiego de carros y gentes.

Canteras

El abundante roquedo granítico disperso por todo el recinto fue una importante fuente de materia prima para las construcciones domésticas y defensivas. Las canteras se abandonaron en el curso de los trabajos de acuñado y cortado. La técnica ha perdurado hasta nuestros días.

Una de las canteras tuvo que destinarse a la obtención de material constructivo para las viviendas y al menos otra, la más próxima a la muralla por el lado sur, parece que está relacionada con la obtención de grandes sillares (bloques de piedra de forma cúbica) para la construcción del sistema defensivo: murallas y baluartes.

Necrópolis

En la campaña de excavaciones de 2002, Ruiz Zapatero y Alvarez Sanchís descubrieron la necrópolis del poblado. Se trata de una necrópolis de incineración con encachados tumulares (capa de grava o piedras), de gran tradición en la Edad de Hierro de la Meseta. También pudo haber sepulturas de simple incineración en hoyo dentro de urna, con ajuares muy sencillos (pesas de telar, fusayolas, cuchillo afalcactado). Los materiales exhumados de una de las sepulturas tumulares (la llamada Tumba nº 13), sobre todo cerámicas torneadas de las etapas finales de la cultura vetona y ciertas piezas metálicas , sitúan la cronología en un momento avanzado del siglo II a.C., alcanzando quizás el siglo I a.C., la época de las guerras sertorianas. Esta tumba es un tipo de enterramiento no documentado en otras necrópolis del área vetona.

El interés de los arqueólogos en correlacionar el registro de la necrópolis con el asentamiento también podría tener un valor aproximado a nivel regional. Apenas conocemos la trama de poblamiento comarcal. Desconocemos si pequeñas aldeas y explotaciones rurales próximas a los oppida enterraron a sus difuntos en los cementerios de aquéllos o bien formaron pequeños panteones familiares, difíciles de descubrir, en función del reducido número de tumbas. En algunos casos tenemos indicios de pequeñas granjas o alquerías pero no de sus tumbas, posiblemente porque no han sido descubiertas, no porque no existan. Según Ruiz Zapatero y Álvarez Sanchís las aldeas y alquerías contarían como mucho con 5-6 casas, y serían el tipo de poblamiento más numeroso, sobre el que se basaría buena parte d ela población rural, la que estaría fuera de los oppida. Por tanto, podemos pensar que fuera de los grandes asentamientos fortificados como Ulaca existían pequeñas comunidades multifamiliares que podrían haber dependido de los grandes centros, y a los que suministrarían el avituallamiento en la medida de sus posibilidades. Por el contrario. El oppidum sería el centro que les defendería y a donde podrían acudir en caso de necesidad, tanto para colocar sus productos agrícolas como para instalarse temporalmente en caso de incursiones vecinas o de ejércitos más potentes, como cartagineses y romanos.

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Interpretación del yacimiento

Parece que Ulaca fue un oppidum de gran jerarquía entre el pueblo vettón, es posible que un gran mercado regional que floreció entre 300 y 50 a.C. Se desarrollaron importantes actividades artesanas, como la cantería, la alfarería y la forja de hierro.

El recinto superior albergaba casas, talleres, un santuario, una sauna y otros monumentos, todas en piedra, la materia prima más a mano. La organización interna de este enorme asentamiento (70 ha de superficie es una barbaridad, aunque no estuviese habitado en su totalidad) amurallado y reforzado con un sistema de barabacanas, estaba ordenada a la sombra de una fuerte jerarquía política y religiosa. La población que vivía y trabajaba en este oppídum se calcula entre 1000-1500 habitantes, que casaría perfectamente con el número de viviendas conocidas. Es posible que los alrededores del asentamiento fuesen lugar de reunión estacional de mercaderes, pastores con sus rebaños, agricultores de granjas vecinas que comerciaban y concertaban alianzas.

Su población originaria pudo trasladarse a la vega con el cambio de Era, puede que a Ávila, identificada con la Obila vetona de Ptolomeo, pero sin certeza. Algunas cerámicas pintadas encontradas en Ulaca se han fechado en el siglo I a.C. Además se ha encontrado monedas indígenas con la leyenda indígena de Arekoratas y posiblemente Sekorobices.

Ulaca no parece estar habitada de forma permanente desde finales del siglo I a.C., sino de forma esporádica, lo que coincide con la escasez de restos datables en los otros oppida del valle, habiendo planteado los arqueólogos la revitalización de Ávila-Obila a partir de estos últimos asentamientos.

 

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Bibliografía, Créditos y menciones

Texto y fotografías propiedad de Diego Salvador Conejo

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